Comunicado CSIC Kramer

RESUMEN  DE  LOS  ESTUDIOS  CIENTIFICOS  QUE  AVALAN  LA NECESIDAD Y LA METODOLOGÍA PARA ERRADICAR LA POBLACIÓN DE COTORRA DE KRAMER EN LA CIUDAD DE SEVILLA

Dr. José Luis Tella Profesor de Investigación, Estación Biológica de Doñana (CSIC) Secretario  del  Comité  Científico  de  Especies  Amenazadas  y  Especies  Invasoras, Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, E-mail: tella@ebd.csic.es

Dra. Martina Carrete Profesora, Universidad Pablo de Olavide, E-mail: mcarrete@upo.es

La problemática introducción en la ciudad de Sevilla

La cotorra de Kramer (Psittacula krameri) está catalogada como una de las 100 especies de plantas y animales invasoras más peligrosas en Europa. Su éxito de invasión se debe al enorme número de ejemplares  salvajes  importados  como  aves  de  jaula  (unos  400.000),  de  los  cuales muchos fueron liberados o escaparon de forma accidental al medio natural, y a la similitud del nicho climático entre sus áreas de distribución nativas en la India y de introducción  en  Europa  (Cardador  y  cols.  2016).  Aunque  la  importación  de  aves salvajes fue prohibida en España en 2011 para evitar riesgos de invasión (Real Decreto1628/2011), tras comprobar que sólo las aves salvajes y no las nacidas en cautividad son capaces de establecerse en libertad y formar poblaciones invasoras (Carrete y Tella. 1998, Carrete y Tella 2016), para aquel entonces eran ya muchas las cotorras que habían sido liberadas de sus jaulas y formaron poblaciones invasoras (Cardador y cols. 2017).

Las  primeras  cotorras  de  Kramer  aparecieron  en  la  ciudad  de  Sevilla  a comienzos de los años 90, muy probablemente como fruto de una liberación de aves incautadas  por  las  autoridades  en  el  mercado  de  La  Alfalfa,  según  señalan  varios testigos de tal liberación. Una recopilación exhaustiva de las observaciones de aves exóticas en España durante los últimos 100 años (Abellán y cols. 2016) mostró que al menos 17 cotorras de Kramer vivían ya libres en Sevilla en 1997.

El Parque de María Luisa albergaba probablemente, hasta hace unos 10 años, la mayor colonia conocida de nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus). Se trata del murciélago europeo de mayor tamaño, catalogado como Vulnerable a la extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN,  Alcaldé y cols. 2016). Estos murciélagos, que viven normalmente en bosques, utilizan las cavidades de los árboles del parque como refugios, donde un buen número de adultos puede concentrarse en una sola cavidad durante el día y donde también permanecen las crías lactantes. Esto hizo pensar que la cotorra de Kramer, que utiliza estas cavidades para nidificar, podría ocasionar problemas a los nóctulos si, con los años, aumentaba su población.

Efectos de la cotorra de Kramer sobre las especies nativasEn 2011, un grupo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD- CSIC) y de la Universidad Pablo de Olavide iniciamos un estudio a largo plazo sobre la demografía de la cotorra de Kramer y su impacto sobre especies nativas, añadido a los estudios que sobre el nóctulo gigante venían realizando otros investigadores de la EBD- CSIC. Ya en parques urbanos de Bélgica se había demostrado un impacto negativo de la cotorra de Kramer sobre una especie de ave nativa, al expulsarla de las cavidades de los árboles donde nidificaba (Strubbe y Matthysen 2009).

En 2011, se censaron los árboles donde se congregan a dormir las cotorras de Kramer en la ciudad, y contamos ya unos 1.000 ejemplares. En 2013, comenzamos a censar con detalle el número de nidos de esta especia, localizando 159 nidos tan sólo en el parque de María Luisa. Del mismo modo, localizamos refugios de nóctulo en 47 árboles, frente a los 75 árboles que estaban ocupados por nóctulos diez años atrás, en 2003 (Popa-Lisseanu y cols. 2008, Ibáñez y cols. 2009). La reducción del número de árboles ocupados por el nóctulo alcanzaba entonces el 37%. De los árboles abandonados por el nóctulo desde 2003, 20 se encontraban ocupados por nidos de cotorra, y la probabilidad de abandono de árboles resultó estar relacionada positivamente con la presencia de nidos de cotorra en el mismo árbol o en sus proximidades. Estudiamos además el comportamiento agresivo de las cotorras de Kramer, comprobando que se agrupan y atacan de forma agresiva y muy eficazmente al resto de especies de aves que compiten por las cavidades que usan para nidificar (Hernández-Brito y cols. 2014a). Atacan incluso a especies de mayor tamaño como palomas y grajillas y a otras que pueden depredar cotorras, incluyendo aves rapaces como el águila calzada y a las ratas. En el caso de las ratas, es interesante mencionar que las observaciones directas que tenemos demuestran que no sólo las ahuyentan de las proximidades de los nidos sino que, incluso, pueden llegar a matarlas (Hernández-Brito y cols. 2014b).

El análisis de la distribución espacial de las cavidades ocupadas por diferentes especies en el Parque de María Luisa en 2013 demostró que varias de ellas, incluido el nóctulo gigante, evitaban la proximidad de los nidos de cotorras (Hernández-Brito y cols. 2014a). En el caso del nóctulo, desconocíamos todavía si los nóctulos se veían simplemente desplazados por las cotorras de las cavidades que usan como refugio, o si podían ser incluso matados por las cotorras, como circunstancialmente fue reportado en Italia sobre otra especie de nóctulo (Menchetti y cols. 2014). Desde 2016 dedicamos un mayor esfuerzo de observación para dar respuesta a este interrogante, pudiendo así comprobar e incluso filmar cómo las cotorras atacan agresivamente a los nóctulos, con ataques continuados que duraron entre 9 y 145 minutos (Figura 1), y que consiguen matarlos o malherirlos, muriendo posteriormente en el suelo. A pesar de que los gatos del parque pueden eliminar rápidamente a los murciélagos muertos o heridos, llegamos a encontrar en pocos días 21 cadáveres de nóctulos, incluyendo adultos, jóvenes todavía lactantes, y una hembra embarazada. En todos los cadáveres frescos se apreciaron claras señales de haber sido matados o malheridos por las cotorras a picotazos (Figura 2).

De forma paralela al incremento poblacional de la cotorra de Kramer en Sevilla, el número de sus nidos en el Parque de María Luisa ha incrementado un 195% respecto a 2013, con 311 nidos censados en 2017 (Figura 3). Mientras tanto, el número de árboles usados como refugio por los nóctulos se reduce a tan sólo 14 en 2017, suponiendo un descenso del 71 % desde 2013 y del 81 % desde 2003 (Figura 3).

Figura 1. Fragmento de un vídeo grabado durante las agresiones que durante 145 minutos ejercieron las cotorras sobre los nóctulos que habitaban una cavidad refugio en 2016. Al día siguiente encontramos un nóctulo muerto a picotazos bajo el árbol (autor: Dailos Hernández-Brito).

Figura 2. Ejemplares de nóctulos encontrados muertos con claras heridas provocadas por los picos de las cotorras (marcadas con círculos rojos) en cuerpo, huesos y patagios. (Fotos: Dailos Hernández-Brito).


Figura 3. Distribución de los nidos de cotorra de kramer y los árboles ocupados por nóctulo gigante en el Parque de María Luia, y censos de esta especie y del cernícalo primilla en Sevilla. La población total de cotorra de Kramer aparece con interrogante, puesto que queda por completar el censo de 2017.Impactos sobre otras especies. Aunque el impacto más preocupante es el ejercido sobre el nóctulo gigante, las cotorras desplazan de las cavidades de nidificación a otras especies de aves, siendo la cotorra de Kramer la especie nidificante más abundante en el Parque de María Luisa ya en 2013, por encima de especies comunes como palomas y gorriones, y la nidificación de las especies  de  aves  de  menor  tamaño,  como  carboneros  y  herrerillos,  resultó  casi anecdótica (Hernández-Brito y cols. 2014a). Otro impacto preocupante es el ejercido sobre el cernícalo primilla (Falco naumanni), especie de ave rapaz amenazada que nidifica en mechinales  (agujeros en las paredes) de la Iglesia del Salvador. La cotorra de Kramer agrede y expulsa también a los cernícalos primilla de estos agujeros (Hernández-Brito y cols. 2014a) y, en años recientes, ha comenzado a formar una nueva colonia de cría en los mechinales de la Iglesia del Salvador en detrimento de la de primillas (Figura 4). De los 4 nidos de cernícalo primilla ocupados por cotorras de Kramer en 2013, hemos pasado a 9 en 2016 y a 14 en 2017. Paralelamente, la colonia de cernícalo primilla descendió de 40 nidos en 2013 a 24 en 2017. Desde 2015 las cotorras nidifican también en la catedral, con 8 mechinales ya ocupados por sus nidos en 2017.Figura 4. Pareja de cotorra de Kramer ocupando un nido de cernícalo primilla en la Iglesia de El Salvador, en 2016. El macho porta una de las medallas que colocamos para su identificación individual a distancia (Foto: Dailos Hernández-Brito).

Aunque nuestros estudios se centran en el impacto de las cotorras sobre especies nativas, valoramos también, aunque de forma menos detallada, el impacto que tienen sobre los cultivos. El incremento poblacional de la cotorra de Kramer en la ciudad de Sevilla hace que cada vez se extienda más a municipios cercanos y que se alimente con mayor frecuencia en cultivos de frutales y de girasol. El uso de los cultivos de girasol es particularmente llamativo, llegando a observar hasta 1.300 cotorras de Kramer alimentándose  en  un  solo  campo  de  girasol.  Como  experiencia  piloto,  en  2014 evaluamos el daño ocasionado por las cotorras de Kramer en un campo de 43 ha, ascendiendo las pérdidas a un 10 % de la cosecha, equivalente a la pérdida de 2.920 kg de semillas para su propietario.

Figura 5. Daños en girasoles causados por la cotorra de Kramer (Foto: Miguel Angel Gerada)

La cotorra argentina (Myiopsitta monachus) es conocida por sus daños a la agricultura tanto en sus países de origen como en áreas invadidas como Barcelona (Senar y cols. 2016). Aunque la población de esta especie en Sevilla era relativamente reducida, nuestros censos muestran un incremento poblacional reciente del 815%, pasando de un mínimo de 92 individuos censados en 2013 a un mínimo de 750 individuos en 2017 (Figura 6). Es de esperar que, de continuar este incremento poblacional, esta especie de cotorra también suponga un problema para la agricultura en un futuro cercano.

Figura 5. Evolución del tamaño poblacional mínimo y de la distribución de los nidos de la cotorra argentina (puntos rojos) en Sevilla, 2013-2017.

Las cotorras de Kramer y argentinas, al igual que otras especies de Psitácidos, son portadoras  de enfermedades  transmisibles  a la  fauna urbana nativa e incluso  a las personas, como es la psitacosis (causada por Clamydophila psittaci) que pueder cursar de forma fatal. Sin embargo, los estudios al respecto están en curso y no podemos proporcionar todavía datos precisos sobre el alcance de este impacto.

Plan de gestión

Las especies invasoras pueden gestionarse de dos formas, según el estadio en el que se encuentren sus poblaciones. Cuando éstas están localizadas, son relativamente pequeñas y no se encuentran conectadas con poblaciones periféricas, la mejor opción es la erradicación (eliminación de la población). Cuando esta erradicación no es posible debido a que la población es excesivamente grande o recibe aportes continuos desde poblaciones periféricas, la única alternativa es la de controlar que los tamaños poblacionales  se  mantengan  debajo  de  un  umbral  donde  su  impacto  se  minimice. Siempre  es  preferible  la  erradicación  al  control,  ya  que  esta  medida  normalmente permite un restablecimiento del sistema a condiciones previas  a la aparición de la invasora. El control, además, es mucho más costoso y arriesgado, ya que implica un compromiso y una financiación a largo plazo que no siempre es posible.

El impacto sobre la biodiversidad de la cotorra de Kramer es particularmente grave para el nóctulo gigante, por lo que se requiere una intervención urgente si se quiere  evitar  la  extinción  de  su  población  en  Sevilla.  La  colocación  de  nidales artificiales para el nóctulo es necesaria y ayudaría a la recuperación de sus refugios. Sin embargo, la ocupación de estos nidales es un proceso lento, y si no se actúa sobre la población de cotorras de Kramer es muy probable que la población sevillana de nóctulo desaparezca antes de que pueda adaptarse a vivir exclusivamente en los nidales artificiales. Por otro lado, esta actuación sólo favorecería al nóctulo gigante, manteniéndose e incrementándose el resto de los impactos de la cotorra de Kramer sobre las otras especies. Es importante tener en mente que los impactos medidos hasta ahora cabe esperar que se intensifiquen con el tiempo, ya que la tasa de crecimiento poblacional de las cotorras predice que en pocos años podrían alcanzar decenas de miles, como ha ocurrido en Israel, Holanda, Bélgica, Alemania o Reino Unido. Sin embargo, la situación actual de la población sevillana de cotorra de Kramer constituye un ejemplo de núcleo que puede erradicarse con relativa facilidad (bajo número de individuos y aislamiento respecto a poblaciones periféricas). Por ello, la medida de gestión que debería adoptarse es la de erradicar a las cotorras de Kramer de Sevilla.

Para llevar a cabo un plan de erradicación exitoso, es fundamental que éste se lleve a cabo en un periodo de tiempo corto (unos pocos años). Para ello, es fundamental identificar cuáles son las medidas de actuación más eficientes, no sólo en términos económicos sino de factibilidad. En nuestro caso, evaluamos la eficacia de los diferentes métodos de control y erradicación conocidos y utilizados en otras poblaciones invasoras mediante un modelo demográfico basado en la información sobre la población sevillana de cotorras compilada en años previos, que incluye censos y estimas de supervivencia y éxito reproductor. Este modelo mostró que la población, de seguir la trayectoria actual, se incrementará de manera exponencial en los próximos años, debido al elevado éxito reproductor  de los  individuos  pero principalmente por su  alta supervivencia  anual. Ambos aspectos se relacionan con la elevada disponibilidad de alimento para la especie y la escasa depredación que sufre, debido tanto a la escasez de depredadores como a su eficacia atacando a los mismos y expulsándolos del Parque. Este modelo es idéntico a los obtenidos en otras poblaciones invasoras de cotorra de Kramer en Europa (Cardador y cols. en preparación) y augura un escenario poblacional de varias decenas de miles de individuos en pocos años.

Utilizando este mismo modelo demográfico, estimamos el número de años que serían necesarios para erradicar la población en  Sevilla  en función de las distintas metodologías disponibles. A continuación exponemos brevemente los resultados. Estos métodos, cuya efectividad se ha evaluado según afecten a la supervivencia o la reproducción de los individuos, se discuten además teniendo en  cuenta potenciales inconvenientes en su utilización.

  1. Medidas que reducen la reproducción de los individuos

Utilización de alimentos tratados químicamente. En Estados Unidos se ensayó la administración de semillas de girasol tratadas con diazacón (un anticonceptivo o inhibidor de la reproducción) a cotorras argentinas, obteniendo una reducción del 68% del número de pollos producidos en los ejemplares tratados (Avery y cols. 2008). Sin embargo, el hecho de que el alimento tratado puede ser consumido por especies nativas ha  hecho  que  países  como  Israel  hayan  desestimado  este  método  para  combatir  a cotorras invasoras. Por otro lado, una reducción del éxito reproductor no reduciría a corto ni medio plazo la presión que ejercen las cotorras sobre los nóctulos y otras especies, puesto que las parejas tratadas seguirían ocupando los mismos nidos (aunque produjeran menos pollos) durante años, atendiendo a su longevidad. Tampoco es de prever que pudiera ser tratada una alta proporción de la población reproductora dada la elevada  disponibilidad  de  alimento  para  la  especie  en  Sevilla  y  en  las  zonas circundantes, por lo que la efectividad de esta medida es muy baja. De hecho, llevamos cuatro años intentando atraer a las cotorras (tanto de Kramer como argentina) con semillas de girasol y otros alimentos, y el uso que hacen de los mismos es anecdótico. Por todo ello, es una actuación de manejo que no debería ser considerada dada su ineficacia y el riesgo que comporta a otras especies nativas.

Destrucción de nidadas. Nuestro modelo demográfico mostró que la destrucción de nidadas (eliminación de huevos) requeriría la destrucción de entre el 90 y el 100% de los nidos durante 17 años consecutivos para conseguir erradicar la población de cotorra de Kramer en Sevilla. Ello se explica por la elevada supervivencia de los ejemplares adultos,    y    es    acorde    con    la    experiencia    llevada    a    cabo    en    Zaragoza.

En Zaragoza se procedió durante 10 años consecutivos a la eliminación de huevos de cotorra argentina, y no se consiguió eliminar la población sino que la misma siguió aumentando hasta alcanzar unos 1.700 individuos. Por otro lado, en el caso de la cotorra de Kramer, el acceso al interior de los nidos es difícil, tanto por la altura a la que se encuentran como principalmente por lo angosto de las cavidades donde nidifican, dificultando enormemente la extracción de huevos. Una acción alternativa sería tapar las cavidades ocupadas por cotorras, pero resultaría contraproducente ya que esas cavidades quedarían inservibles para otras especies de aves y nóctulos, y aumentaría la presión de las cotorras sobre los mismos para intentar arrebatarles las pocas cavidades donde ahora subsisten. Por todo ello, es una actuación de manejo que no debería ser considerada.

  1. Medidas que reducen la supervivencia de los individuos

Captura de ejemplares vivos. La captura de ejemplares vivos la llevamos practicando de forma intensiva desde 2014, con el fin de liberarlos con unas medallas adosadas en un   collar   (Figura   4),   un   método   para   estudiarlas   (supervivencia,   dispersión, movimientos) que fue testado en Barcelona y resulta inocuo para los individuos (Senar y cols 2012). Utilizamos para ello una trampa diseñada por expertos que trabajan con la especie en Barcelona, y redes colocadas en los lugares donde se alimentan. El éxito de ambos métodos resulta extremadamente bajo en Sevilla. La elevada disponibilidad de alimento hace que las cotorras apenas entren en la trampa cebada con alimento, resultando en la captura media de un individuo cada tres días de trampeo. Mediante el uso de redes en los lugares más adecuados, solamente se consiguió capturar alguna cotorra en el 59% de las jornadas de trabajo, resultando en una captura media de 2,13 individuos por jornada. La captura de ejemplares vivos resulta entonces ineficaz, pues aun dedicando más de 300 días de trabajo de trampeo al año la población seguiría aumentando, aunque a un ritmo menor, y los impactos causados por la especie seguirían incrementándose.

Esta actuación supondría además problemas logísticos y legales. La captura y liberación de cotorras tras ser esterilizadas, como proponen algunas personas, resulta ilegal pues el Real Decreto 630/2013 prohíbe la liberación de especies catalogadas como invasoras una vez capturadas (salvo con fines científicos). Además, esas cotorras seguirían causando el mismo impacto, ocupando nidos y agrediendo a otras especies aun siendo infértiles. La repatriación de los ejemplares a su país de origen, India, es utópica por su coste, riesgo sanitarios, y ser allá considerada una plaga para la agricultura. Por otro lado, el capturar las cotorras vivas para mantenerlas en cautividad presenta problemas legales, ya que el mismo Real Decreto 630/2013 prohíbe el mantenimiento de las especies invasoras en cautividad. Aun consiguiendo una autorización excepcional, esta acción ocasionaría problemas logísticos y de bienestar animal. Por un lado, es difícil pensar en la existencia de instalaciones adecuadas para mantener en buenas condiciones a más de 2.000 cotorras. Por otro lado, se trata de aves salvajes que cuando son confinadas en cautividad sufren de estrés mucho más que las aves nacidas en cautividad, llegando a hacerse crónico (Cabezas y cols. 2013).

Eliminación de ejemplares adultos. La eliminación de adultos usando armas de fuego ha sido la medida elegida para erradicar de manera exitosa a esta especie en las Islas Seychelles (Nancy Bunbury, comunicación personal) y sugerida también como la más eficiente en propuestas de plan de erradicación de psitácidos en Barcelona (Conroy y Senar 2009) y EEUU (Pruett-Jones y cols. 2007). De hecho, la larga experiencia adquirida en la ciudad de Zaragoza mostró cómo la destrucción de nidadas durante diez años resultó ineficaz, no consiguiendo evitar que la población siguiera en crecimiento. Sólo cuando se decidió un cambio en la metodología, pasando a matar ejemplares adultos con carabinas, se consiguió reducir la población de unos 1.700 ejemplares a tan sólo 9 individuos en dos años (CONCLUSIONES ZARAGOZA).

Nuestro modelo demográfico elaborado para la población de cotorra de Kramer de Sevilla muestra que dicha población podría ser eliminada en tan sólo dos años, comenzando a principios del 2017. Si la actuación se ve retrasada, el número de años y de individuos sacrificados lamentablemente deberá ser mayor, pues cada año la población aumenta de manera significativa. Si esta actuación se hubiera llevado a cabo años atrás, cuando es más recomendable actuar (Edelaar y Tella 2012), el número de individuos sacrificados habría sido muchísimo menor.

La eliminación de estas aves usando carabinas de aire comprimido está legalmente amparada por el Real Decreto 630/2013. Este Real Decreto no considera a las especies invasoras como especies de caza, por lo que no se requieren planes cinegéticos (aunque pueden ser aplicados como medidas complementarias si fuese necesario para algunas especies), sino que faculta a las autoridades competentes (en este caso el Ayuntamiento de Sevilla) a usar los medios que fuesen necesarios para erradicarlas. Prueba de ello es la actuación realizada en Zaragoza en 2014-2015.

La información aquí expuesta no trasmite nuestras opiniones personales, sino que constituye un breve resumen divulgativo de nuestras investigaciones científicas. Estas investigaciones científicas son las que apuntan la necesidad de eliminar individuos usando carabinas, si se pretende paliar de forma eficaz los impactos causados por la cotorra de Kramer. La decisión de aplicar o no esta medida recae en la autoridad administrativa competente (Ayuntamiento de Sevilla) y depende, en última instancia, de la presión que puedan ejercer las opiniones de diferentes sectores sociales.

Publicaciones científicas citadas

Abellán, P., Carrete, M., Anadón, J.D., Cardador, L., Tella, J.L. 2016. Non-random patterns and temporal trends (1912-2012) in the transport, introduction and establishment of exotic birds in Spain and Portugal. Diversity and Distributions 22: 263-273. Alcaldé,  J.,  Juste,  J.  &  Paunović,  M.  2016.  Nyctalus  lasiopterus.  The  IUCN  Red  List  of Threatened                       Species                       2016:                       e.T14918A22015318. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2016-2.RLTS.T14918A22015318.en. Avery ML, Yoder CA, Tillman EA. 2008. Diazacon inhibits reproduction in invasive monk parakeet populations. Journal of Wildlife Management 72: 1449-1452. Cabezas, S, Carrete, M., Tella, J.L., Marchant, T.A., Bortolotti, G.R. 2013. Differences in acute stress responses between wild-caught and captive-bred birds: a physiological mechanism contributing to current avian invasions? Biological Invasions 15: 521-527 Cardador, L., Carrete, M., Gallardo, B., Tella, J.L. 2016.  Combining trade data and niche modelling improves predictions of the origin and distribution of non-native European populations of a globally invasive species. Journal of Biogeography 43: 967-978. Cardador, L., Lattuada, M., Strubbe, D., Tella, J.L., Reino, L., Figueira, R., Carrete, M. 2017. Regional bans on wild-bird trade modify invasion risks at a global scale. Conservation Letters Carrete, M., Tella, J.L. 2008. Wild-bird trade and exotic invasions: a new link of conservation concern? Frontiers in Ecology and Environment 6: 207-211Carrete, M., Tella, J.L. 2015. Rapid loss of antipredatory behaviour in captive-bred birds is linked to current avian invasions. Scientific Reports 5: 18274 Conroy MJ, Senar JC. 2009. Integration of demographic analyses and decision modelling in support of management of invasive Monk parakeets, an urban and agricultural pest. En: Modelling demographic processes in marked populations. Springer. Edelaar, P., Tella, J.L. 2012. Managing non-native species: don’t wait until their impacts are proven. Ibis 154: 635-637. Hernández-Brito, D., Carrete, M., Popa-Lisseanu, A., Ibáñez, C., Tella, J.L. 2014a. Crowding in the city: losing and winning competitors of an invasive bird. PLoS ONE E 9(6): e100593 Hernández-Brito, D., Luna, A., Carrete, M., Tella,  J.L. 2014b. Alien rose-ringed parakeets (Psittacula  krameri)  attack  black  rats  (Rattus  rattus)  sometimes  resulting  in  death. Hystrix 25: 121-123. Ibáñez  C, Guillén A, Aguirre-Mendi PT, Juste J, Schreur G, Cordero AI, Popa-Lisseanu AG. 2009 Sexual segregation in Iberian noctule bats. Journal of Mammalogy 90:235-243 Menchetti M, Scalera R, Mori E. 2014. First record of a possibly overlooked impact by alien parrots on a bat (Nyctalus leisleri). Hystrix 25:61-62 Popa-Lisseanu AG, Bontadina F, Mora O, Ibáñez C. 2008. Highly structured fission–fusion societies in an aerial hawking, carnivorous bat. Animal Behaviour 75:471-482 Pruett-Jones S, Newman JR, Newman CM, Avery ML, Lindsay JR. 2007. Population viability analysis of Monk parakeets in the United States and examination of alternative management strategies. Human Wildlife Conflicts 1: 35-44. Senar, J.C., Carrillo‐Ortiz, J., & Arroyo, L. 2012. Numbered neck collars for long‐distance identification of parakeets. Journal of Field Ornithology 83: 180-185. Senar, J. C., Domènech, J., Arroyo, L., Torre, I., & Gordo, O. 2016. An evaluation of monk parakeet damage to crops in the metropolitan area of Barcelona. Animal Biodiversity and Conservation 39: 141-145. Strubbe D,   Matthysen E. 2009. Experimental evidence for nest-site competition between invasive  ring-necked  parakeets  (Psittacula  krameri)  and  native  nuthatches  (Sitta europaea). Biological  Conservation 142:1588-1594